martes, 10 de julio de 2012

Una historia

Era el primer día de clases. Tenía la sensación expectante de saber cómo era estar en secundaria. Después de estar formados en el patio y escuchar la bienvenida regañona de la Profra. Dolores Ahumada, por fin pasamos al salón del 1° D. Nos sentaron sin ningún orden particular. Sentía el olor de la brillantina y los uniformes nuevos. Los mesabancos eran una novedad, con su paleta a la derecha.

A mi izquierda estaba sentada una niña, se le cayó un lápiz, de mi lado. Siguiendo el ejemplo de otros compañeros, me agaché a recogerlo. Levanté la mirada para dárselo y me dijo "gracias".

Entonces la ví. ¡Qué sonrisa! ¡Qué mirada de luz derramada! Quedé enamorado de inmediato. Así comenzó. Durante los tres años que estuve cerca de ella no le dije nada.

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